14 de junio 2022
La Vicuña es un camélido sudamericano, reside en la puna y el altiplano de Perú, Bolivia, Chile y Argentina, donde se alimenta del pasto alto y pequeños arbustos. Adaptado a vivir a gran altura, su hogar está ubicado entre los 3000 y 5000 metros sobre el nivel del mar. Víctima de siglos de caza indiscriminada para obtener su fina y suave lana, la población disminuyó a niveles críticos.
Con el objetivo de proteger el ecosistema del altiplano, en 1970 se creó el Parque Nacional Lauca. Esto, sumado a otras medidas, logró revertir su ocaso y la población de vicuñas comenzó un crecimiento permanente, pero registros recientes revelan una merma de 5000 animales entre el 2008 y 2017. Por esto, actualmente en Chile es considerada una especie vulnerable.
Se cree que este retroceso se debe a la menor disponibilidad de alimento porque en el altiplano la vicuña compite con sus familiares camélidos domésticos. A mayor densidad de la población hay menos crecimiento.
Su sitio predilecto, el bofedal-vega, les entrega un espacio común para dormir, permanente agua y pasto de calidad. En verano, que es el período con más lluvia en el altiplano, se alimentan temprano en la mañana y a la última hora de la tarde. Por otro lado, en la época seca, cando escasea el alimento, se desplazan a lugares menos beneficiosos debido a la competencia de animales domésticos como la llama, alpaca y las cabras
Otra consecuencia no deseada de la interacción entre estas especies es la transmisión mutua de enfermedades y parásitos. Los ácaros de la sarna han afectado a la población de vicuñas.
El estrés
En la cercanía de sus territorios hay faenas de construcción y búsqueda de minerales que alteran la organización de su hábitat, ni que decir de la caza. Estas situaciones perjudican a las vicuñas porque debe consumir más energía por la huida y tiene menos tiempo para alimentarse.
En la búsqueda de formas sustentables de extracción de lana, se ha verificado que el arreo a pie y realizar la esquila en su ambiente natural genera menos estrés comparado con el arreo a pie y motorizado.
No solamente actividades dirigidas pueden afectar el estado nervioso de los mamíferos y evidentemente de la vicuña. Para su bienestar también requieren poder desarrollar con normalidad sus conductas como especie.
La vicuña tiene dos modos de organizarse: la familia y los solteros. Las familias son un grupo estable integrado por un macho, tres o cuatro hembras y su descendencia. Cuando comen y descansan son los momentos en que los machos están más cerca de las hembras.
Los cachorros forma clubes muy cohesionados y pueden reunirse con integrantes de familias cercanas. El padre siempre mantiene la seguridad del territorio donde vive su familia El cuidado de sus hijos es una actividad importante para la vicuña. Los grupos integrados por crías tienen una actividad de vigilancia mayor del entorno. Se cree que está actitud de alerta está vinculada a la protección de su descendencia.
Por otra parte, los solteros son acosador por el macho, pueden descansar y comer en zonas marginales donde no estén a la vista. Además, solamente pueden comer, cuando la familia ya lo ha hecho.
La conservación de la especie requiere de un espacio y entorno que le permita desarrollar esta vida. Sin embargo, sobre la vicuña también se cierne la sombra de la falta de agua y el cambio climático. Porque su hábitat predilecto, el bofedal, requiere de agua para existir.
Enlaces a las fuentes
Interacción espacio–temporal entre vicuña (vicugna vicugna) y llama (lama glama) en el sector de Tara, región de Antofagasta, Chile. Daniel Ignacio Valencia Olatte.2013
Vilá BL (1995). Spacing patterns within groups in vicuñas, in relation to sex and behaviour. Studies on Neotropical Fauna and Environment 30:45-5
Comportamiento social de la fauna nativa de Chile», Luis A Ebensperger y Antonieta Labra