Cóndor (Vultur gryphus)

Cóndor
Cóndor

Foto: Desde Wikimedia Commons

6 de junio 2022

El vuelo solitario e imponente del cóndor sobre la cordillera de los Andes, esta montaña compartida por 5 países desde Venezuela hasta Chile, contrasta con el real comportamiento de esta ave. A diferencia de otros carroñeros, comparte zonas de descanso con grupos que pueden llegar hasta los 77 individuos y otra actividad colaborativa es el activo cuidado del macho a las crías.

Los sitios de descanso son lugares importantes para la conservación del cóndor porque son puntos claves para su supervivencia. Tienen menos precipitaciones, una temperatura más estable y miran en la dirección opuesta al viento. En ellos hay una activa interacción social. Sus integrantes tienen todo tipo de sexo y edad, pero hay una jerarquía, los adultos predominan sobre los jóvenes y el macho adulto se impone ante las hembras. Quien domina obtiene el beneficio de ocupar su espacio favorito.

Los espacios preferidos durante el verano reciben los rayos del sol más temprano y en el otoño brinda luz y calor hasta más tarde.

Insospechadamente, esto influyen en su alimentación. Los espacios soleados permitirían a los ocupantes más tiempo disponible para buscar alimento, cuidar su plumaje y una vida más tranquila alejado del frío. Todo esto es muy valioso porque el cóndor puede desplazarse hasta 200 kilómetros en busca de alimento. Por eso están crucial considerar la conservación de lugares con estas características apreciadas por el Cóndor.

La ubicación en zonas escarpadas, casi inaccesibles, les permite descansar protegidos de la amenaza de sus depredadores: zorros, pumas, perros y los humanos.

Así como los enfrentamientos y la reubicación de cóndores modela la supremacía en el refugio, ocurre algo similar cuando se alimentan, también hay un orden al consumir la carroña.

Cuando encuentran un animal muerto, la mayoría de las interacciones son de enfrentamiento hasta establecer una jerarquía que defina quien comerá primero. Expertos han planteado un posible forrajeo social, porque los cóndores tienden a mantener territorios cercanos a los de sus parientes. Además, a partir del uso experimental de carroña, se estableció un beneficio compartido entre las aves que se posan al rededor de la carne muerta: el actuar conjunto facilitaría el desgarro para acceder a los tejidos blandos.

En otro sentido, la investigación "Breeding behavior of a pair of free-living Andean Condors" relata su experiencia “Nuestras observaciones indican que tanto el macho como la hembra del cóndor andino seleccionaron el sitio de anidación, y el macho brindó más cuidado parental después de la eclosión”.

El cóndor de los Andes es monógamo y tanto el macho como la hembra cooperan en la selección del lugar que el cual ubicarán el nido. El sitio electo puede ser una cueva o plataforma el que ocupan al inicio de la temporada de reproducción.

Una pareja habitualmente se reproduce cada 2 o 3 años. Este período varía dependiendo de la ubicación, la demografía y la disponibilidad de encontrar alimento.

En el estudio “Cortejo y cópula de una pareja de Cóndor Andino (Vultur gryphus) en un área de alimentación” observaron y gravaron este momento:

"El macho empezó los despliegues del cortejo, abriendo sus alas hacia arriba y atrás, curvando la cabeza hacia abajo en forma de gancho. En esa posición caminó hacia la hembra hasta quedar frente a ella. La hembra se inclinó levemente hacia delante y hacia abajo, entonces el macho se desplazó hacia el costado de la hembra y subió sobre su lomo agitando las alas hasta alcanzar el equilibrio". "Una vez encima de la hembra, el macho continuó en postura de cortejo. Luego de 16 s la hembra levantó su cabeza, dando suaves picoteos sobre el pico del macho, comportamiento que se mantuvo durante 37 s. El tiempo total de monta fue de 57 s. Luego, el macho comenzó los movimientos copulatorios. El macho movió su cola rápidamente hacia los lados y hacia delante, quedando sentado sobre la hembra para lograr la unión cloacal. La hembra respondió inclinándose hacia abajo y adelante, abriendo levemente sus alas hacia los lados sin extenderlas. La cópula duró aproximadamente 10 s".

Las hembras ponen un solo huevo. Ambos adultos incuban y una vez que nace el polluelo realizan turnos para cuidarlo durante dos meses. El macho es un gran cuidador de su cría. Se mantiene en sectores cercanos, visita frecuentemente y lleva más comida que la hembra al nido. Un comportamiento inesperado se ha observado en el macho durante el período de crianza. Comúnmente abre sus alas acercándose agresivamente a la madre y la obliga a irse del nido. Está situación se repite hasta que el polluelo deja el nido.

El relato sobre los primeros vuelos de un cóndor también es descrito por la misma investigación sobre la cópula: “voló con los adultos durante 4 min y aterrizó en un afloramiento a 80 m del nido. Después de eso, volvió a volar dos veces durante 9 a 10 minutos antes de regresar al nido, deslizándose brevemente y aleteando muchas veces durante cada vuelo”.

El cóndor es una de las aves rapaces que permanece más tiempo en torno al nido. A los 10 meses, el juvenil se distancia del nido y lo deja definitivamente aproximadamente a los 15 meses.

En Chile se ha observado una proporción mayor de cóndores adultos (54 %) que inmaduros (46 %).

La Lista roja de especies amenazadas actualizada el 2020 cataloga al Cóndor como un ave en peligro de extinción, por eso es tan necesarios considerar sus hábitos de localización de lugares de descanso y nidificación para diseñar estrategias de conservación exitosas.

Enlaces a las fuentes

Donázar JA, Feijóo JE (2002). Social structure of Andean condor roosts: influence of sex, age, and season.

Lambertucci SA, Mastrantuoni OA (2008). Breeding behavior of a pair of free living Andean Condors.

Lambertucci SA, Ruggiero A (2013). Cliffs used as communal roosts by Andean condors protect the birds from weather and predators.

CAILLY-ARNULPHI, Verónica B; GIANNONI, Stella Maris y BORGHI, Carlos E. Cortejo y cópula de una pareja de Cóndor Andino (Vultur gryphus) en un área de alimentación. Hornero [online]. 2014, vol.29, n.2, pp.93-95. ISSN 0073-3407.

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