9 de junio 2022
La llama es el camélido más grande de los cuatro que viven en el sur de América. Su rol en la expansión del imperio Inca fue muy importante, sus caravanas desfilaron por los Andes desde Colombia hasta Chile. Aunque su existencia se remonta muchos años atrás, 6000 a 5.500 en Perú y aproximadamente 4500 años en el norte de Chile. Estudios genéticos han demostrado que la llama es el resultado de la domesticación del guanaco, una especie que hasta el día de hoy se mantiene como animal silvestre.
¿Cómo comunicarse con una llama?
La relación ancestral entre humanos y camélidos está plasmada en el arte rupestre, esté vínculo de reconocimiento muto, les permite contactarse. La llama es un animal dócil, capaz de identificar a su dueño y también, mostrar malestar escupiendo cuando le montan exceso de carga o es maltratada con castigos.
Su principal medio de comunicación es la visión, como viven en lugares abiertos y planos, los machos puede exhibirse a gran distancia para denotar su territorio. Al interior del grupo, la posición de la cola y las orejas regulan su relación con los otros integrantes. Cuanto más alta es la posición de la cola mayor es nivel de irritación y cuando la mueven de lado a lado o escupen están levemente agitados. Todas estas señales sociales son una advertencia para evitar un ataque directo.
En el otro extremos de las emociones, las llamas también manifiestan sumisión. Curvan su cola sobre la espalda con su cabeza y orejas bajas y doblan ligeramente sus patas delanteras.
Los sonidos que emite también tienen un significado. El resoplido o el chasquido con la lengua los ocupa como signo de una leve agresión. Y el gruñido es un nivel más alto de enojo, especialmente cuando se acercan a su comida.
Cuando sienten un peligro inminente como la cercanía de perros u otros depredadores, lanzan sonidos agudos entrecortados o un relincho. Esta es una señal de alarma dirigida a sus compañeros de rebaño que en ocasiones pueden estar lejos.
El olfato también capta información muy relevante gracias a las feromonas secretadas por otro animal. Los machos perciben este olor en la orina de la hembra cuando ella está en etapa de reproducción y luego huelen su zona perianal para confirmar si además está dispuesta a una relación.
Una característica muy especial de las llamas son las glándulas olfativas que también se encuentran en la zona de los pies de las cuatro patas. No se sabe cuál es su función, pero los especialistas creen que permiten la identificación individual o del grupo.
Su organización y reproducción
Como animales domesticados, la estructura social de las llamas está muy manipulada y dirigida por el hombre. La elección de la pareja es intervenida por la decisión humana y los animales subordinados no pueden huir como lo hacen muchas especies silvestres. La reproducción no tiene estacionalidad, porque si se mantiene a los machos y las hembras separados, al reunirlos se aparearán en cualquier época del año. La llama es una especie poligámica, los machos forman harenes rodeados, en promedio, de 6 hembras y sus crías.
Una particularidad propia de esta especie es que la fecundidad de las hembras es inducida. La mayoría de las veces ovulan estimuladas por el coito, después de tener contacto sexual.
Durante el preámbulo de la unión, el macho gruñe rítmicamente con la respiración siguiendo a la hembra intentando montarla. En ocasiones, esto resulta rápido y fácil, ella acepta al macho y se echa sobre su propio vientre. Así realizan la cópula. En otras ocasiones, el macho no es tan afortunado, la hembra lo rechaza escupiendo, pateando y huyendo del lugar.
Comprender el comportamiento de animales domesticados como la llama es de vital importancia para entregarles la atención necesaria para un buen estado emocional y físico.